Desde hace veinte siglos se especula sobre los años oscuros de jesús, aquellos que la biblia no cuenta, desde su adolescencia hasta sus treinta años. muchas veces esas hipótesis responden a una limitada perspectiva teológica: un jesús embellecido por un destino que ya conocemos, ser el hijo de dios. pero ¿y si todo fuera a la vez más complejo y hermoso, más humano ¿y si el vía crucis de jesús, como el de cualquier vida atenazada por el dolor, la desesperación y el abandono, hubiera comenzado mucho antes con una prosa soberbia, precisa y agria, y una imaginación profundamente emotiva, giosue calaciura escribe la probable novela de formación de un antihéroe que a veces es un mendigo que alcanza la libertad a través de la desposesión, a veces un bufón y un cínico, el hijo abandonado por su padre, un jesús enamoradizo que se prenda de las mujeres fuertes, de las repudiadas. a ratos evangelio apócrifo, a ratos leyenda mitológica y cuento de hadas, la novela nos presenta a un jesús unamuniano, nietzscheano, algo nihilista, escéptico, incluso ateo; un jesús que no pone la otra mejilla, que no sabe hacer milagros, que no cura las heridas y que recuerda a telémaco, pero también a su padre, odiseo, a edipo y, cómo no, a pinocho. como en un eco mágico y solemne, los personajes de yo soy jesús son a la vez leyenda y desconocidos, nuevos y más vivos: maría, el bautista, barrabás, judas, ana. en efecto, calaciura trabaja como pocos allí donde historia e imaginación se unen para alumbrar una altísima literatura que devuelve el mensaje subversivo, y demasiado humano, de quien, lejos de ser dios hecho hombre, fue un hombre vulnerable a quien se convirtió en dios.
